Nuevas aventuras en nueva ciudad.

¡Hola a todos!

Años sin pasar por aquí. Ya sé que están pensando. "Solo escribes una vez al año","Para que regresas,si luego te vas". Les prometo... bueno mejor sigo escribiendo.

Bueno, me alegra contarles que estoy en una nueva ciudad. ¿Por qué? Bueno... La oportunidad son como estrellas fugaces. Son únicas y es muy poco probable que vuelvan a pasar.

Me dieron la oportunidad de vivir en Mérida y con la bendición de mis padres, agarré dos maletas de pura ropa, algunos libros, mi anciana y fiel laptop y una mochila de sueños.

Llegue a la hermosa ciudad de Mérida en la madrugada de un lunes. Bajándome del camión, no tenía ni la mas remota idea de lo que iba a seguir. Respiré y caminé. Tome un taxi hacia mi nuevo hogar. Eran las 6 a.m. y ya había sol. Como toda provinciana, estaba volteando a todas partes viendo lugares, tiendas, parques, escuelas, edificios, casa coloniales y la personas que salían de sus casas hacia sus trabajos/escuelas. Sentía y respiraba una aire diferente al que estaban acostumbrada. Todo era diferente ahora.

Me acomodé en mi nueva "casa". En realidad, no puedo decir que es mi casa, es de una tía mía. Puedo decirles que mi habitación es muy peculiar. Estoy hospedada en el cuarto de servicio de la casa. Ya se pueden reír. Y no, no estoy bromeando. La verdad no puedo quejarme si solo voy a pagar mi comida y gastos personales. Ademas, el cuarto tiene clima.

Les daré una breve descripción de mi nueva habitación. Tiene una cama, una mesita de noche con cajones, un armario grande pero está un 50% ocupado por cosas como toallas, sabanas, colchas; también cuento con una lavadora y no es un adorno, realmente lavan la ropa en mi cuarto. Tiene un baño y regadera, aire acondicionado, una ventana sin alguna vista que admirar y una puerta. Otra sorpresa. Comparto cuarto con la ama de llaves. Se podría decir que es mi roomie. Ya esta todo el terreno repartido y soy la que tiene mas cosas en el cuarto. Hasta la fecha aun no puedo terminar de arreglar mi cuarto.

En mi primer día en la nueva ciudad, me invitaron a desayunar Hot Cakes. Feliz de la vida. Terminé rodando las escaleras pero comí delicioso.



Estos días he sido la compañía de mi tía. La acompaño a comprar, visitar personas, comer con ella. Pasando el día, fui conociendo a su familia. Conocí dos de sus tres hijos, que parecieran que hubieran salido de una agencia de supermodelos, todos guapísimos, sin contar al tercero que supongo que debe estar igual de guapo que sus hermanos. No fueron conversaciones largas ya que cada hijo tiene su vida hecha: trabajo, amistades y noviazgos. Y si se preguntaban si dormí en mi habitación desde el principio, les diré que no. Los primeros cuatro días dormí en una cama aparte en el cuarto de mi tía. Es la cama mas deliciosa en la que he dormido.

Decidí mudarme para poder encontrar un mejor trabajo y calidad de vida. Pero el proceso para llegar al sueño provinciano es muy duro. Estoy viendo esto como si hubiera vuelto a nacer, pero esta vez, sin padres, sin familia, sin amigos, sin algún contacto que te pueda ayudar y con 26 años encima y una carrera profesional. Tengo que hacer amistades nuevas y para mi no es tan sencillo hacer amigos. Platicar un rato, si. Mantener contacto con alguien para salir por un café, a cenar o al cine, no.

He estado navegando por dos semanas, sola. No ha sido nada fácil para mi convivir conmigo misma. Comer, caminar, tomar un café, ir al cine totalmente sola. Me río de mis propios comentarios, solo yo entiendo mis chistes cultos. Después de una semana, acepté estar conmigo misma. Hasta me está empezando agradarme mucho más. En el cine, nadie se come tus palomitas y nadie te interrumpe. En las comidas, lees un libro o estás viendo vídeos en Youtube.

Lo que me ha salvado un poco de la depresión es el irme caminado a conocer la ciudad. Los primeros tres días que empecé, me iba de la casa hasta el parque que está a 20 manzanas y regresaba. Claro, terminé al tercer día super adolorida de mis pies. Hasta que le perdí el miedo de perderme. Una amiga mía me dijo que solo perdiéndote empezaras a aprender a vivir. Dicho y hecho. En mi primera caminata, me terminé perdiéndome. Eran las once de la noche y yo no llegaba a la casa. Resulta que las calles son números. Calle 11,  Calle 33; y todas esas calles se llaman igual en todas las colonias. Imagínense. Cuando vas en un taxi, tienes que decir la calle, en que calle se ubica esa calle y de que colonia. *Explota* Lo increíble, es que la ciudad es muy segura. Era media noche y todavía ves gente caminando como si nada. Eso me calmó un poco. Al final, logré regresar todo gracias a la app Maps de mi celular.

Por el momento es todo lo que puedo compartirles. Sigo bien, sigo fuerte. Tarde temprano el sol brillara para mi.

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